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Enfoque histórico sobre El Tabaco, Los Vegueros y Los Tabacaleros, Por: Ing. José Luis Alfonso Lanza y Hugo Antero Marrero González

posted Dec 31, 2009, 10:13 AM by Alejo E. TemeSimon

 

 TABACO, VEGUEROS Y TABACALEROS

 

 Por:
 Ing. José Luis Alfonso Lanza y Hugo Antero Marrero González

 

                                   Callen personas cuando hablan los pueblos.

Estudiar no es dar carrera para vivir; es templar el alma para la vida.

 

José de La Luz y Caballero.

 

  

INDICE

 

I.-

Prólogo

 

 

II.-

Semblanza histórica del tabaco

 

 

III.-

Vegueros. Nacimiento del Burgo de Las Vegas

 

 

IV.-

El estanco del tabaco y la sublevación de los vegueros

 

 

V.-

Tabaqueros, nacimiento de una industria

 

 

VI.-

Los tabaqueros y las guerras de independencia

 

 

VII.-

Un Monumento y una pregunta

 

 

VIII.-

Referencia Bibliográfica

 

 

 
 
I.- Prólogo:

 

En la economía nacional estamos acostumbrados a señalar a la industria azucarera y en consecuencia el cultivo de la caña de azúcar, como el rubro principal de la mísma, y seguidamente, el tabaco ocupando el segundo lugar en esta escala de valores de tipo financiero y no nos equivocamos, “la caña y el tabaco… han sido fuentes nutricias de la riqueza de nuestra isla”.  Ahora, la caña de azúcar, materia prima fundamental en la industria azucarera, es de procedencia extraña, mientras que el tabaco, es cubano al cien por cien; Europa lo conoce a través de las figuras de Colón y sus marinos, los cuales quizás,  no hayan entendido al tabaco y  entre risas y toses humeantes”, tampoco previeron la significación histórica que tendría para Cuba y para muchos países, lo que hoy de seguro es su segunda gran industria.

 

En aquellos inicios de la conquista y colonización,  la caña “africanizaba a Cuba para esclavizar la raza arrancada violentamente de su lejana patria”, a la cual, “el tabaco libertaría más tarde – después del impulso inicial de Céspedes – con fervor de Martí y la chaveta del tabaquero” y he aquí él por qué o razón de que nuestro modesto trabajo se denomine TABACO, VEGUEROS Y TABAQUEROS, ya que también en aquellos inicios, siempre se ha hablado de los cultivadores de tabaco, nuestros vegueros, con fuertes raices en Islas Canarias, el tronco fuerte de una raza criolla que si en un inicio se dedicó al duro trabajo del cultivo de la aromática hoja,  establecida en casi toda la isla, después sería la simiente necesaria para el surgimiento si no  de otra raza, si de una fuerte rama que podemos identificar como la primera expresión cubana de proletariado, aquellos hombres que en el silencio, sin el mérito significativo de la historia, libraron no menos importantes combates, muchas veces lejos de la patria, añorando la manigua y el toque a degüello.

 

Por un lado los vegueros, que tomaron de manos  de nuestros aborígenes el conocimiento y el gusto del tabaco, que llevaran a cabo la primera revuelta contra la colonia en 1717, inquietudes que culminan el 21 de febrero del 1723 con la rígida vigencia del estanco del tabaco; honestos y rudos cultivadores, raíz fecunda de los que a partir del 1869, fueron denominados como tabaqueros y tanto en el país como  en el exilio, fueron los destacados, los más humildes y no menos comprometidos combatientes de las filas mambisas.

 

No por gusto se ha afirmado: “Es el tabaquero… el genuino cooperador, en el exilio, al éxito de nuestras luchas redentoristas, desde las tierras en que tocó en suerte establecer transitoriamente su hogar”. (1)

 

Por todo aquello, es imposible escribir nuestra historia sin rememorar a aquellos vegueros y a los tabaqueros, ya que en ellos se reconoce el latido y vibración de nuestras luchas de independencia y siendo Santiago de Las Vegas, cuna de vegueros  y tabaqueros, por ser este Burgo de Las Vegas, nutriente de aquellos exiliados en Tampa, que en su noble profesión compartían lo que ganaban para el sustento con el compromiso de la liberación de la patria; no puede existir un mejor homenaje que tratar de recopilar a forma de historia todo aquello que a ellos aconteció, no tan sólo con el objetivo de hacer un recordatorio momentáneo, sino, como tributo a las nuevas generaciones, para compartir con ellos el orgullo de ser cubanos e hijos de Santiago de Las Vegas.

 

II.- Semblanza histórica del tabaco:

 

Hoy por hoy nos encontramos muy familiarizados con  el denominativo tabaco, voz caribeña con la cual se identifica popularmente a esta planta, de la familia de las solanáceas, de origen americano y en específico, cubano[1] y cuyo conocimiento data de los tiempos precolombinos, siendo muy posible, según afirman algunos autores, que esta voz provenga de la confusión de los conquistadores españoles entre cohiba o cogiba, nombre con que los aborígenes identificaban a esta planta y el que recibía el tubo o pipa con que acostumbraban a aspirar el humo producto de la combustión de la hoja.

 

Según se conoce, el primer contacto de Colón y sus marinos con el tabaco, se lleva a cabo en la zona de Gibara, a las orillas de río Caunao, entre el 2 y el 5 de noviembre de 1492 y en específico fueron los marinos Rodrigo de Jesús y Luis de la Torre, los primeros europeos que se ponen en contacto con el tabaco[2] que lo toman de los aborígenes cubanos[3] los que “ejercitaban el arte de tratar y elaborar la hoja de manera que sirviera de estimulante o como narcótico”.

 

Actualmente, el tabaco no sólo se obtiene en las regiones latino americanas, sino, que también es cultivado en regiones de climas más templados, en la misma Europa, lo cual se debió al traslado de las primeras semillas de dicha planta al viejo continente por Fray Roberto Pane, quien lo lleva a España, y Fray Andrés Thevet quien lo lleva a Francia, donde es difundido por Juan Nicot, embajador de Francia en Lisboa, quien a su vez, lo pone en manos de la reina Catalina de Medici, la cual fomenta su cultivo. A Gran Bretaña el tabaco llega por medio de F. Drake entre 1585 y 1586.

 

Aunque en realidad el uso del tabaco fue tomando fuerza y se convirtió en un artículo comercialmente preciado, los importadores tuvieron que luchar duramente para lograr implantar un comercio estable[4] , ya  que si bien la adicción al tabaco es rápida, su uso fue prohibido por varios papas, el Sultán de Turquía y el propio Duque de Moscú; en Inglaterra el Rey Jacobo I, lleva a cabo esta prohibición “con violencia particular” , al punto de publicar una obra de teatro[5] , donde de cierta forma invita sus súbditos a no imitar “las maneras bárbaras y bestiales de los indios salvajes, ateos y esclavos en un hábito tan vil y pestilente ”, (2) a lo cual fue adicionado el criterio de economistas y comerciantes ingleses que protestaban ante la desestabilización de la balanza mercantil debido a la importación del tabaco de las colonias españolas[6].

 

El tabaco como medio comercial  también recibe sus prohibiciones en España, donde en 1606 el Rey Felipe III, prohibe la siembra de la aromática hoja por diez años en los territorios de Santo Domingo, Cuba y Venezuela, aunque es muy dudoso el cumplimiento de dicho decreto real. En 1614, en consecuencia con un cambio en la política española[7] , se fomenta el cultivo y exportación del tabaco, “limitándose ésta a comerciantes y buques nacionales”. (1)  Esto obliga a Inglaterra a fomentar sus propios cultivos en Norte América, en las regiones de Virginia y Maryland, pero como el tabaco extraído por España  de sus colonias, en especial el cubano, constituía un tabaco de mayor calidad y se encontraba en la preferencia del consumidor inglés,  los obligó de cierta forma a comerciar directamente con España  o recurrir a otros medios poco ortodoxos.

A pesar de tanto esfuerzo por neutralizar la difusión y comercio del tabaco en Europa por aquellos que se habían acostumbrado a otros tipos de vicios, esto se hizo inevitable, y es así que “desde Bretaña hasta Grecia, desde España hasta Rusia”, el tabaco se convierte rápidamente en el nuevo vicio de las grandes sociedades como nuevo símbolo de un falso elitismo.

 

No sólo en Europa el tabaco tuvo sus detractores, los choques entre Vegueros y hacendados ganaderos, fueron las trabas internas con que el tabaco tuvo que luchar por imponerse. Los ganaderos se oponen a la entrega de tierras para el cultivo de la aromática hoja, y es posible que esa oposición frontal en más de una ocasión haya ido mucho más lejos, aunque por lo general fueran los Vegueros los que ganaran el voto de las autoridades en estos conflictos.

 

Si el conquistador en verdad no encontró el oro que esperaba hallar en Cuba, aquella carencia del dorado metal bien lo supo sustituir por otros productos y materiales donde el tabaco fue una gran fuente de riqueza, como a su vez, medio de destrucción social para aquellos intermediarios y grandes comerciantes que por lo general se encontraban ligados a la administración pública. Tal fue el caso de la acusación recibida en 1625 en contra del Capitán General Cabrera, acusado de un fraude al comercio del tabaco. (2)

 

Es conocido que a partir de 1630, el comercio del tabaco se encontraba controlado en España, sujeto a un estanco gubernamental [8], implicando altas rentas provenientes de las colonias, cuestión ésta que Jerónimo de Uztáriz, uno de los más conocedores de la economía española señala: (3)la más útil, menos gravosa y cada día más provechosa que tiene su majestad”.

 

A partir de la segunda mitad del siglo XVII, el tabaco es el artículo de mayor importancia en las exportaciones que se hacen desde Cuba a la metrópoli, al punto que Uztáriz no menciona el azúcar de origen cubano y refiriéndose al tabaco hace la siguiente observación: (4)

 

‘’La buena dirección de las compras, conducciones, beneficio y comercio de tabacos de La Habana es una de las superiores importancias de la monarquía y que sólo con esta renta bien gobernada en La Habana y España pudiera Su Majestad mantener más fuerza en el mar

 

 El tabaco va ganando un lugar importante en el comercio colonial y en específico, al que atañe a nuestra isla, y en este juego comercial, primero fue el Veguero, proveniente de los campos de Andalucía e Islas Canarias, abriendo el surco de su vega, quizás en el inicio, sólo con la carga de un sol  fuerte pero cálido, después junto a la familia que forma en aquel nuevo terruño y donde le nace una prole que toma la herencia paterna, pero que a su vez, es inyectada con algo nuevo, el criollismo. Luego, ante el estallido comercial, mecha prendida por filibusteros y contrabandistas, que con el trueque ilegal, mejora la economía del bohío, el tabaco llega a la sobremesa de los grandes castillos y palacios del viejo continente, y en esta ascensión pasa al comerciante especulador, al militar déspota, llegando a la cúspide del poder colonial, donde comerciantes aún más especuladores y con mucho menos escrúpulos en su lucha por obtener mayores favores del Rey “por la Gracia de Dios”, logran establecer de una manera inmisericorde, el real monopolio, tirando por tierra el sueño del Veguero, sueño regado con el sudor de su trabajo.

 

III.- Vegueros. Nacimiento del Burgo Las Vegas:

Aquellos primeros días y colonización se han considerado como “pobres e insignificantes”. No se encontraban aquellos grandes  yacimientos de oro y otros metales preciosos que se esperaban, pero, en cambio, se hicieron conocer “en breve tiempo el cacao de Venezuela, el azúcar de Santo Domingo, los tejidos de Vera Cruz y Lima, la conchinchilla de México”. En Cuba  al no existir grandes yacimientos de oro, el cual se agotó rápidamente, implicó que durante algunas décadas la población decreciera en forma alarmante emigrando la mayoría a México, quedando solamente labriegos, los cuales eran menospreciados por las autoridades españolas interesadas solamente en la búsqueda del oro.

 

Pronto España se da cuenta de las ventajas geográficas de la isla para los viajes de las flotas que enlazaban la península con las posesiones en América; la existencia de amplios y seguros puertos, como a su vez, una tierra muy fértil con una inmensa variedad de frutos, maderas preciosas y entre todo ésto, el tabaco, que como “esas cosas de atracción misteriosa y espontánea fueron adquiriendo   importancia” , a pesar de que aún luchaba por encontrar su lugar en el comercio de la isla con la península rectora de su destino colonial.

 

Aquellos labriegos que habían quedado en la isla mientras otros iban a México, Perú, etc. en busca de oro, pioneros de nuestros tradicionales guajiros, se dedican a cultivar el aborigen ñame, el maíz y en cierto grado el tabaco que es exportado en pequeñas cantidades a la península y en otros casos, cambiado por artículos en el negocio ilegal del contrabando con filibusteros.

 

El cultivo del tabaco, así como la preparación de la hoja para su consumo, tal y como había aprendido el conquistador del aborigen, “requería mucha maña, mucho cuidado y mucha experiencia” , lo cual no se conjugaba con la trata de esclavos traídos de África y que no eran utilizados en estos menesteres, lo cual animaba la emigración blanca de campesinos de Islas Canarias, y de Andalucía, los cuales poseían una experiencia determinada en la atención a los cultivos y presentaban aptitudes para llevar a cabo el desarrollo del cultivo del tabaco.

 

Tratando de promover una mayor participación nacional, la Corona de España, otorga la facultad a los cabildos para la colonización y establecimiento de vegas, (5)  lo cual motivaba a aquellos rudos labriegos junto a la idea de hacer una rápida y fácil fortuna, cosas que algunos lograron mientras otros sólo vieron en sus sueños en un viaje de ida que los absorbería como parte de una tierra donde se convertirían en fuertes raíces de nuestro criollismo americano; ya que en verdad, la verdadera fortuna, la tajada gorda, iba a las arcas de la Casa de Contratación en Sevilla.

 

El labriego de Islas Canarias o de Andalucía, aprendió rápido la forma de cultivo y preparación del tabaco para su consumo de aquel aborigen que se extinguía y en la medida que aumenta la difusión del tabaco en Europa, también aumentaban las comunidades de Vegueros en tierras llanas, bajas y fértiles, siempre buscando las cercanías a las márgenes de un río, tal es el caso de las comunidades que fueron creciendo a las orillas del río Arimao no lejos de Trinidad; del Hanabanilla, El Cauto, El Bayamo, El Mayari, El Zaza, (6) y más tarde a las márgenes del Yumuri, El Almendares y el Cuyaguateje.

 

El auge y difusión del tabaco en Cuba, da lugar a que constantemente se pidan tierras en usufructo para la siembra de la aromática hoja, todo  lo cual trae consigo los conflictos ya explicados entre los Vegueros y los Hacendados ganaderos, los cuales hasta el momento, sólo pensaban en aumentar el número de sus tierras con el fin de poder seguir aumentando  las cabezas de ganado, todo en relación  con el fructífero negocio de alimentar las flotas que pasaban por Cuba y que hacían estancia en los seguros puertos de la isla, en espera de alguna reparación,  así como de que se prepararan las cargas a llevar al puerto de Cádiz. Muchos fueron los factores que determinaron que estas disputas y conflictos entre ganaderos y vegueros, resultara la más de veces a favor de estos últimos, con un tácito reconocimiento de las autoridades, así como de la propia iglesia, que formaban parte de los que financiaban las cosechas, llevaban a cabo las ventas o simplemente, recibían indirectamente el fruto del trabajo del veguero.

 

El tabaco se cultiva en los distritos de Trinidad, Bayamo, San Juan de los Remedios y en Santiago de Cuba, pero a partir del 1519, al margen de la fundación de La Habana, se suman a estos primeros y fructíferos asentamientos de vegueros, los que se van conformando en La habana a las márgenes de los ríos Almendares y en específico en las cercanías del puerto de Carenas, vegas éstas que comienzan  a hacerse famosas por la calidad de su tabaco.

 

En este lapso de tiempo en que se funda la ciudad de La Habana, de inmediato se lleva a cabo su división en hatos y corrales y en uno de los realengos dados entre estos hatos y corrales, es denunciado al cabildo habanero, la comunidad denominada como Burgo de Las Vegas, específicamente entre los hatos de la Chorrera, Bejucal, Managua, Wajay y Babiney Rojo [9], (12) comunidad ésta que se dedica al cultivo del tabaco y que tuvo un constante crecimiento poblacional  proporcionalmente a la directa difusión del tabaco, así como al  ir ganando la fama de producir el mejor tabaco salido de las tierras de La Habana y de toda la isla.

 

Esta comunidad conforma el conglomerado de vegueros dada por las de Guanabacoa, Bejucal, vegueros no muy distantes de las márgenes del Almendares y el Luyano; la de los arroyos Mabao, Valiente y otros que desaguan en la Bahía de La Habana.

 

Tal y como nos indica Francisco Montoto (12) en sus investigaciones, el realengo donde se establecen los vegueros del Burgo Las Vegas, eran tierras que en su mayoría fueron dadas en usufructo por el Monasterio de Religiosas de Santa Catalina de Sena de La Habana, situación que durará hasta 1756.

 

Esta comunidad se establece en una altiplanicie aproximadamente 50 metros sobre del nivel del mar, con terrenos de tierra roja, fácil de trabajar y reúnen las condiciones propias para el cultivo del tabaco; tierras que distaban a una legua del río Almendares, pero con un clima propicio para la siembra de la solanácea, así como la existencia de arroyos, lagunas y cañadas.

 

Es de destacar que el crecimiento de las vegas alrededor de La Habana trajo como consecuencia un cierto abandono de la cría de ganado y la atención a otros cultivos fundamentales, lo cual provoca que el cabildo decrete la prohibición de la siembra de tabaco en un radio de 4 leguas[10], lo cual vino a beneficiar a Las
Vegas, comunidad ésta que se encontraba fuera de dichos limites y que vino a recibir a aquellos que tuvieron que abandonar sus vegas por encontrarse dentro de los límites establecidos por dicho decreto, acrecentando tanto la población como la producción tabacalera.

 

A partir de 1694, el Burgo de Las Vegas, cambia su nombre por el de Santiago de Compostela, Burgo de Las Vegas[11], ya en estos momentos la población había aumentado considerablemente, sobre todo, por haberse trazado el camino entre La Habana y Batabanó, por lo cual aquellos isleños y andaluces que desembarcaban  por el puerto de Batabanó, por lo general se quedan en esta región que ya había ganado fama como productora del mejor tabaco habano, desarrollo notorio, al punto, que Monseñor de Compostela en carta al Rey destaca, que de los 16 cuartones entregados para el asentamiento de vegueros, el de Las Vegas, era el más próspero. (12)

 

IV.- El estanco del tabaco y la sublevación de los vegueros:

 

A inicios del siglo XVIII, mientras la industria azucarera cubana atraviesa la etapa más atrasada e infructífera, el tabaco recibe el influjo de “progresos y evoluciones esenciales”; aparecen en número considerable molinos de tabaco y se establecen las bases de la producción de tabaco en rama a gran escala, por medios de una comercialización centralizada de cosechas completas.

 

En 1716, es nombrado gobernador de Cuba Vicente Raja, quien llega a La Habana acompañado por el intendente Salvador Olivares y dos visitadores, siendo uno de ellos Manuel de Leoia[12], los  cuales en conjunto, llevan a cabo una valoración de la situación  respecto a la producción de  tabaco, que desemboca el 11 de abril de 1717 en la promulgación del decreto real del estanco, dado a conocer en Cuba, y que tiene sus primeros detractores en las propias autoridades, tanto civiles como eclesiásticas de la isla.

 

En este decreto del estanco, existen disposiciones específicas que son dignas de tener en cuenta para cualquier análisis respecto a los hechos que acontecieron y que resultaron en la sublevación de los vegueros. Las disposiciones que nos han llamado la atención y que han sido bases de nuestras reflexiones, nos dicen en primer lugar la determinación de zonas de cultivo, dándose a lugar que el tabaco producido en La Habana, era el de más alta calidad, por lo que el tabaco habano se mandaría a España y el resto se distribuyera en plazas dadas y señaladas en el decreto[13], señalándose que para asegurar el cumplimiento de este aspecto se promulgaba una diferencia de precios. A esto se sumó el volumen de exportación[14] que unido a los precios, iba en contra de los intereses de los intermediarios, especuladores y comerciantes que mediaban entre el veguero y el área de comercio.

 

El otro aspecto de interés en el decreto del estanco del tabaco, se encuentra en lo especificado con relación a los tipos de hojas con lo cual se estaban implicando la racionalización del cultivo y la elaboración o preparación de la hoja.

Además de lo anterior, se determinaron aquellos aspectos de tipo administrativo, que estipulaban el establecimiento de un intendente en La Habana y factores en Cádiz, así como dependencias en Santiago de  Cuba, Trinidad, Bayamo y San Juan de Los Remedios.

 

El estanco del tabaco hace de “La Habana el principal escenario del más antiguo movimiento revolucionario ocurrido en la isla y el único genuino y exclusivo de carácter económico” tal y como lo expresa Emilio Roig Leuchesenring, (14) o como nos plantea Juan Francisco Zaldívar en su trabajo: Manos Fundadoras, al referirse a los hechos dados por la sublevación  de los vegueros: “el veguero reinició el grito resonante de libertad que no se escuchaba en nuestra tierra desde el inhumano chisporroteo de la pira de Hatuey”. (17)

 

Al conocerse en la isla de decreto real anunciando el estanco del tabaco, el primer sentimiento de repulsa se da en la figura de Pedro Fernández de Velasco, procurador general, quien en reunión  del cabildo de La Habana  en junio de 1717, que al parecer indirectamente fue apoyado por una carta dirigida al cabildo y firmada por varios religiosos, (15) los cuales por ser los que habían puesto las tierras en usufructo en manos de los vegueros, eran perjudicados económicamente, al ser imposible llevarse a cabo el pago de los arriendos de la tierra dada en usufructo para el cultivo del tabaco, y en dicha carta se expresaba: “si se executta lo que su magetad dispone nno nos acudirían con los pagos los labradores que las tienen a su cargo, porque estos son hombres pobres y no tienen otra hacienda, ni efectos que el tabaco”. (15)

Teniendo en cuenta los detalles expuestos anteriormente en lo que refiere a lo dispuesto por el decreto del estanco, lo que indica que los vegueros  de La Habana serían los menos perjudicados, pues en cantidad, precio y mercado, serían los que más beneficio recibirían, es correcto el cuestionarse: ¿por qué la revuelta o sublevación de los vegueros que, coincidimos, es totalmente de índole económica, se lleva a cabo en La Habana y no directamente en los asentamientos del interior de la isla que son los más perjudicados?

 

Las sublevaciones de 1717 y 1723, son inobjetablemente “los acontecimientos más emocionantes de la historia económica de la isla”, (14) pero la idea que se hace persistente en cualquier análisis serio, es que estos hechos son promovidos, no simplemente como la acción individual de los vegueros contra el estanco, sino, como la manipulación de éstos por intereses superiores, donde, se pude afirmar, se enconaban los de intermediarios y comerciantes especuladores, aquellos que eran los que en verdad comerciaban las cosechas, los que financiaban la compra de los molinos de tabaco, en fin, todo aquel cuyo sudor no era derramado sobre la tierra donde se cultivaba el tabaco; hasta la propia iglesia, que pone de manifiesto abiertamente sus intereses, o por la propaganda llevada indirectamente a cabo en contra del estanco en la figura del gobernador Raja.

 

Volvamos a los días anteriores, donde se hace manifiesto el desagrado del cabildo por lo  que ha conocido, en forma no oficial, respecto al estanco del tabaco; el día en que se hace público manifiesto, de la repulsa del procurador general Fernández de Velasco, lo que muestra que en estos días precedentes, la noticia de la Real Cédula se había filtrado de una forma u otra, provocando indignación en todas las capas  de la población en correspondencia con el nivel de intereses, lo cual, si bien no había frenado la preparación para dar comienzo a las operaciones, hacía que tanto Vicente Raja, como los funcionarios del estanco, Olivares, León y Daza, buscarán las formas de no aparecer en público tratando de evitar cualquier tipo de enfrentamiento ante el desagrado que provocaban en la población, la cual los tenía en su opinión “como enemigos del relativo bienestar producido por los negocios del tabaco”. (15)

 

Desde que las autoridades del ayuntamiento conocen de la existencia de la Real Cédula, algo de inmediato empieza a ser conocido por toda la población, comenzándose a murmurar de la existencia de hombres armados que andan por los campos “induciendo a los labradores a que no acepten los precios fijados por Olivares para sus cosechas”, (15) y  calificando, al que llegara a aceptar, de rebajarse a la condición de esclavo. Estos rumores mueven a Raja hasta Matanzas con la justificación de observar obras de fortificación, siendo el verdadero objetivo, comprobar dichos rumores. (15)

 

Raja, conoce alrededor del 16 de junio, de una carta del procurador general  Fernández de Velasco, la cual, entre otros detalles, expresa que entre el 13 y el 14 del presente, se convocaba a una junta a los vegueros, sin que existiera mediación del ayuntamiento, lo cual fue explotado por los regidores y miembros del cabildo para explorar la posibilidad de que Raja tratara de buscar apoyo en la corte para salvar la situación. Al caso, el cabildo necesitaba conocer si se informaría al Rey de los estados de ánimo generales, cosa que pudo comprobar no se llevaría a cabo, (15)  lo cual aprovecha para mandar a su propio emisario, en contra de Raja; para lo cual es designado como representante el depositario general de la ciudad, José Grabiel de Rojas Sotolongo y a su vez, se designan a dos funcionarios para que redacten los pliegos con las demandas y acusaciones a presentar al Rey.

 

Ya después del 30 de junio, de alguna forma los vegueros eran conocedores de los pasos que daba el ayuntamiento, por lo cual, al conocer de esa decisión de mandar a Rojas con acusaciones y demandas al Rey, un grupo de cincuenta, suscriben sus propios pliegos y solicitan al cabildo que esas sean acompañadas por Fray Miguel de Leyva, guardián de San Francisco[15]. Teniéndose en cuenta que era un apoyo popular a la solicitud del ayuntamiento, esta solicitud, fue de inmediato aceptada, pero no así por Fray Alonso de Sanjuro y Montenegro, en esos momentos, Ministro provincial. (15)

 

Es conocida la existencia de un pliego o documento elevado al cabildo habanero por diecisiete vegueros el 6 de agosto de 1717, (15)   que manifiesta a forma de reproche, la situación actual dada por el estanco del tabaco, contra la actitud mantenida siempre por ellos en  notorios servicios” en la defensa de La Habana y sus costas adyacentes, servicios éstos que para su desarrollo los obligaba a abandonar a sus familias y sus cultivos. El cabildo por su parte ya les informaba a los cultivadores desde el 3 de dicho mes, que elevarán sus quejas al Gobernador Raja.

 

El 21 de agosto de 1717  el malestar llega a sus límites y estalla la sedición o sublevación de los vegueros ante la actitud temerosa y poco decidida de los regidores del cabildo habanero frente a las demandas de los cosecheros, a lo cual en los días anteriores al estallido sedicioso, se sumó la negativa del Ministro Provincial Fray Sanjuro. Todo esto fue el caldo de cultivo necesario para los verdaderos interesados en que los vegueros se sublevaran, quizás no con el objetivo tácito de hacer algo  que impidiera a toda costa la implantación del estanco, sino, con la idea de conspirar contra Raja y sus colaboradores y así, alcanzar ellos la oportunidad de ser los nuevos funcionarios a aplicar el decreto.

 

Aquellos días que mediaron antes del 21 de agosto, sirvieron a los verdaderos perjudicados con el estanco y su aplicación para aumentar la indisposición del veguero, convenciéndolo de la necesidad de marchar contra La Habana en son de protesta, (4)   para lo cual acordaron como punto de reunión el poblado, también de vegueros[16], Jesús del Monte. Al marchar contra La Habana, estos humildes labradores, en su mayoría isleños,[17] de las vegas de las márgenes del Almendares, El Luyano, Las Vegas. Iban armados de todo tipo de arma blanca, así como arcabuces y mosquetes, armas con las cuales  acostumbraban a servir al Rey en la defensa de la ciudad y sus costas adyacentes.

 

Es conocido que se fueron reuniendo en Jesús del Monte con “gran puntualidad”, manteniendo la casi unanimidad de pareceres en relación con el proyecto a ejecutar, lo cual nos hace pensar que si bien muchos autores hablan de la no existencia de un liderazgo  entre los vegueros en contra del estanco, si se había conformado un plan de acción por aquellos que como peones en un tablero de ajedrez, utilizan a los labradores en contra del estanco.

 

El primer acto llevado a  cabo por los vegueros reunidos en Jesús del Monte, es el de tomar por la fuerza un ato de ganado menor que era conducido a La Habana por un grupo de personas[18], las cuales son puestas en libertad, siendo la primera voz de alarma que llega a la ciudad anunciando la sublevación de los vegueros.

 

La noticia llega de inmediato a los oídos de Raja, se expande por la ciudad, provocando que en las primeras horas muchos se acerquen por mera curiosidad, mientras otros aprovechan para sumase a los sublevados. Es reforzada la guardia de la ciudad por orden de Raja, quien además convoca al cabildo a una reunión extraordinaria, que de acuerdo a las informaciones obtenidas, así como a la opinión de la mayoría de los autores  consultados, es catalogada como la más concurrida de regidores, y donde fue notable la ausencia de cuatro personas[19], (14)    incluyendo quienes de hecho se encontraban ya junto a los sublevados, quizás no en forma notoria, pero si como guías o cuidadores para que aquellos labradores llevaran la sedición por el camino que era de interés para ellos, que prefirieron mantenerse alejados de las armas blancas, arcabuces y oras armas que portaban los vegueros.

 

En atención a lo conocido por documentos y otras publicaciones, posiblemente para sorpresa del propio Raja, la actitud del cabildo ante la situación dada, fue totalmente conciliadora respecto a a la posición tomada por los vegueros, más  aún cuando la mayoría, por no decir todos los regidores, se encontraban a favor de la sedición; por lo cual se determina el mandar emisarios, (14) a modo de mediadores y que pudieran informar  después acerca de la situación general.

 

Con el conocimiento  de que las autoridades de La Habana no llevarían a cabo represalias, así como de que la guarnición de la ciudad era escasa, los vegueros marcharon hacia la villa, donde al llegar, se concentran en la plaza de San Francisco,  lugar este, donde se ha conocido por los documentos del cabildo, que se gritaba a voz en cuello: “¡Viva el Rey Felipe V! ¡Muera el mal gobierno; que nos gobierne el cabo subalterno!”. (13)

 

Reunidos en la propia casa de Raja, adonde, además de los regidores de La Habana, compareció Monseñor Valdés, obispo de la ciudad, para buscar una respuesta a la situación dada, ya que los vegueros eran “dueños de la ciudad” y reclamaban la “inmediata salida del país de Oliveras, Daza, León y el propio Raja(14)  poner al frente del gobierno a Maraver, así como la destrucción de todos los documentos y expedientes redactados por Oliveras.

 

Raja de inmediato acepta todas las solicitudes excepto aquella donde se exigía que abandonara su puesto de gobernador, lo que provoca la exaltación de los ánimos de los vegueros en vez de aplacarse. Finalmente Raja abandona la isla el 24 de agosto de 1717  a bordo del San Isidro, junto con otras embarcaciones al mando del Capitán Nicolás Zaelayo[20].

Con la salida de Raja y sus más allegados colaboradores, termina esa protesta de los vegueros y tal como lo muestran algunos autores e indicios históricos, el tabaco atraviesa un momento caótico donde la suerte se encuentra en el comercio ilícito[21].

 

Esta protesta, donde participan en forma activa todos los vegueros de La Habana, se puede calificar de exitosa, sobre todo, teniéndose en cuenta el apoyo universal de las autoridades civiles  y eclesiásticas, más en España, Raja presenta su informe al Rey, el cual es sustentado por los funcionarios de la Real Factoría, lo cual implica medidas enérgicas de la metrópoli a la colonia, contemplándose en éstas, el restablecimiento de la autoridad y sobre todo, el de llevar a cabo la aplicación del estanco del tabaco, razón por la cual se envía a La Habana, como nuevo gobernador, a Guazo Calderón, el que se hace acompañar por refuerzos para la guardia de la ciudad[22] .

 

Al llegar a La Habana el nuevo gobernador, además de hacerse dueño de la situación, implanta la organización de la Real Factoría, comenzándose de nuevo, las compras en grande, tal  y como se determinaba  en las reglamentaciones dadas por el real decreto de abril de 1717. Más la organización impuesta por el estanco, muy pronto tiene que enfrentarse a dificultades, quizás no previstas en todas las reales reglamentaciones; los fondos para el pago a los vegueros eran insuficientes, por lo cual, a forma de paliativo, se adoptaron una serie de medidas que se fundamentaban en el acudir a los especuladores y comerciantes de tabaco, que con el apoyo directo de los vegueros, habían logrado sacar de su camino comercial a Raja y sus ayudantes, los cuales, además de resolver a favor de sus intereses los problemas de la Real Factoría, obtenían fuertes ganancias en la venta de los sobrantes de tabaco en el mercado libre.

La actitud poco ortodoxa de estos “señores comerciantes” a los cuales Guazo Calderón tiene que pedir ayuda, provoca que en 1721, se comiencen a agitar los ánimos, sobre todo de los vegueros, verdaderamente perjudicados por la forma que, por medio de la Real Factoría, se lleva a cabo la compra del tabaco. Ante estas manifestaciones o inquietudes, Guazo Calderón amenaza con aniquilar cualquier tipo de manifestación impropia a lo establecido; ante la instancia del obispo, y del hacendado guanabacoense José Bayona y Chacón, se logran calmar los ánimos exhaltados de los vegueros, en reunión tenida con estos en el caserío de Jesús de Monte.

 

A pesar de todo, los abusos y atrocidades continuaron para deterioro de los intereses de los vegueros, por lo que el 17 de febrero de 1723 se lleva a cabo un tercer alzamiento, esta vez, sin el apoyo indulgente del cabildo, comerciantes  y especuladores.

 

Concentrándose en zonas del Burgo de Las Vegas (Santiago de Las Vegas), los vegueros amotinados, son atacados por el sur por casi doscientos hombres que envía el Señor Juan Núñez, Marques de San Felipe y Santiago, fundador de Bejucal, mientras que por el norte, por el  camino de La Habana, llegan tropas de Guazo Calderón.

 

En esta revuelta, la última de estos episodios, son apresados doce vegueros[23], los  cuales son ajusticiados y colados en Jesús del Monte para escarmiento[24].

Mucho se ha especulado acerca de la traición de los vegueros de Santiago de Las Vegas, sobre todo, por la boca y pluma de los defensores del Marqués de San Felipe y Santiago, el cual, más que apoyo a la guardia de Guazo Calderón,  manda sus hombres para evitar que los sublevados lleguen a sus vegas y cumplan el acuerdo de quemar todo el tabaco, sobre todo, los sembrados, para así lograr que se perdieran las cosechas.

 

Con la muerte de los doce vegueros, termina la sublevación, mas no se puede decir que el esfuerzo fuera en vano; la real orden del 17 de junio  de 1724, en consecuencia al informe de Guazo Calderón al Rey, (4)  determina  la libre venta de tabaco hasta 1761 en que es impuesto de nuevo el estanco, con idénticas características que en 1717, hasta 1817 en que es abolido y desaparece la Real Factoría.

V.- Tabaqueros, nacimiento de una industria:

 

Si bien en 1817 con la desaparición de la Real Factoría, el tabaco obtiene el cauce para el libre comercio, también son estos tiempos  en que la  industria del azúcar cubana lleva a cabo su despegue comercial, que como bien nos dice Fernando Ortiz, son todo contraste, provocan un nuevo status en el balance comercial de la isla. El azúcar toma ahora la delantera, mientras que el tabaco, ayer rey de esta balanza comercial, pasa a un segundo plano. En 1817 en la provincia de La Habana, se contaba con 625 ingenios, lo cual comparado con las existencias en 1763 nos demuestran un apreciable desarrollo de esta industria. De acuerdo a las estadísticas del Varón de Humbolt en el propio Santiago de Las Vegas, llegaron a existir 43 ingenios contra 30 vegas. (5) 

 

El tabaco en lo que refiere al cultivo, libre de toda atadura comercial, no ha producido el efecto esperado en La Habana, donde se confiaba se convirtiera en un objeto de comercio muy considerable. El veguero no cuenta con el capital necesario y a su vez la caña y hasta el propio café, se perfilan contra el desarrollo de cosechas más amplias.

 

Durante toda la existencia de la Real Factoría, en sus funciones, además de encargarse de mantener bajo reglamento el cúmulo de las cosechas, y el comercio, poseía sus propios talleres de confección o torcido de tabaco, los que funcionaban con una estructura gremial. Con la desaparición del estanco y por ende de la Real Factoría, se dictamina la formación de gremios de fabricantes, como eslabón primario de la industria tabaquera, gremios estos que desaparecen o se transforman en 1836 con la extinción en España del sistema gremial.

 

A partir de 1817 comienzan a aparecer pequeños talleres con un número determinado de torcedores, así como aquellos que trabajan por cuenta propia vendiendo sus pequeñas producciones a estos talleres o directamente a comerciantes, los cuales eran a fin de cuentas los que, por lo general, financiaban a estos, digamos, torcedores independientes.

 

Es esta etapa, donde se lleva a cabo un desarrollo relativo de la industria urbana dedicada a la producción de tabacos, se hace notar que a partir de 1859, ya en La Habana existían 1295 tabaquerías y 38 cigarrerías, donde se agrupan alrededor de quince mil obreros, lo cual fue implicando el surgimiento de los problemas típicos entre obreros y patronos, y con suerte incierta se establecieron las bases y condiciones del surgimiento de la clase obrera,  a lo cual el gobierno civil de la isla impone en 1851 las llamadas libretas, donde se fijaban las condiciones de trabajo entre el tabaquero y el marquista o industrial, y en  1859 el General Concha, establece el llamado oficio, con el mismo fin de establecer las reglas que condicionaban las relaciones entre obreros y patronos.

 

El establecimiento del oficio por Concha, favorece la fundación de las primeras asociaciones de obreros, las cuales tenían el sentido de socorro mutuo, agrupando en su seno a los jornaleros y artesanos. En Santiago de Las Vegas, se destacaron ente otras: La Misericordia y Nuestra Señora del Buen Suceso, esta última vinculada a los tabaqueros de la región.

 

En principio este relativo desarrollo industrial en el ramo tabaquero, se debió a la fama que alcanza en el comercio el tabaco habano, fama que va acompañada con el surgimiento de las primeras firmas que comienzan a aparecer a partir de 1840, como aquellas que lograron subsistir junto a la Real Factoría, entre las que se destacan: Partagas, H.Upman, La corona (1845), Hijas de Cabañas y Carvajal (entre 1797 y 1810). (4)

 

En Santiago de Las Vegas, aparecen muchos artesanos tabaqueros independientes y otro gran número trabajando en los talleres existentes en el territorio como fue el caso de la Fábrica de García y Cuervo[25], la del Sr. Eduardo Hidalgo Gato y otros de menor cuantía e importancia comercial.

 

En este taller de García y Cuervo, muchos santiaguenses encontraron el sustento diario, mientras otros, aprendieron el oficio de tabaquero, entrando como aprendices,  por lo general, como “un señalado favor” tal es el caso del sabio cubano, natural de Santiago de Las Vegas, Don Tomás Roig.  Estos aprendices eran sometidos a todo género de humillaciones y las más duras tareas, por lo general ajenas totalmente al aprendizaje del arte de torcer tabacos.

 

Hablar del nacimiento de la industria tabaquera nos lleva de hecho a hablar de los lectores de tabaquería, o sea, la institución de la lectura, la cual tiene sus orígenes en  las cárceles, donde los presos, en gran número, se dedicaban a torcer tabaco y en las cuales, al terminar el trabajo del día, en una de las galeras, se encargaba a un preso a leer en voz alta. En aquellas primeras casas o fábricas, se instituye el lector de tabaquería a partir de 1865, (4)  contando con la primicia del suceso la fabrica El Fígaro,  una de las más antiguas casas o firmas de La Habana.

 

La existencia del lector, se fue estableciendo en todos los talleres[26], convencidos los dueños de las fábricas existentes que con el lector se elevaba el nivel intelectual de los obreros y “conjurar los peligros de la monotonía de un proceso necesariamente uniforme de trabajo(4)  Ahora, no todos los dueños  fueron partidarios de este punto de vista que bien podemos calificar de progresista, negándose a permitir que se leyera en sus talleres, tal el caso de “El designio de Cabañas” de Henry Clay y de la “Intimidad” , cuyas actitudes fueron apoyadas por el Diario de la Marina. (4)

VI.- Los tabaqueros y las guerras de independencia:

 

Ya en las primeras décadas del siglo XIX  España ha perdido su poder colonial, ya que la casi totalidad de sus asentamientos en América han conquistado la libertad y además, sufre la ocupación napoleónica, todo lo cual, ha implicado un decaimiento económico que de facto tuvo su incidencia en nuestra isla, ya que el ejemplo del resto de las colonias, así como las influencias republicanas traídas con la Revolución Francesa que antecede al poderío napoleónico, fueron el acondicionamiento externo que permitió que el caldo de cultivo formado por las ideas separatistas se materializaran, encontrando a atentos discípulos en los tabaqueros, que habían recibido información completa sobre la ideología planteada por los jefes de las sublevaciones en el resto de América, así como lo que provenía experimentalmente y prácticamente de la Revolución Francesa.

 

Santiago de Las Vegas, cuna de las protestas de los vegueros y de la sublevación de los mísmos, así como cuna de generaciones de tabaqueros, no fue ajena al resultado de todo aquello  y por ésto, al ser descubierta la conspiración de los Soles y  Rayos de Bolívar, se destaca que el núcleo central de dicho movimiento se encuentra, en parte,  en esta Villa Ciudad.

 

El estallido del 10 de octubre, tiene como fondo la situación económica en que se encuentra sumergido el país, como consecuencia de los métodos que
España emplea como resultado, no sólo de la propia situación económica, sino además, como suma de los intereses individuales de aquellos que ven aquí, sus últimas posibilidades coloniales de hacer o aumentar fortunas.

Tanto desde el punto de vista económico como político, los fabricantes de tabaco se ven presionados por todo ésto, sobre todo, aquellos que mantenían ideas liberales, lo cual obliga a algunos a emigrar a los Estados Unidos, llevando con éllos, en muchos casos, hasta sus propios operarios.  En 1869 el fabricante español, de ideas liberales, Vicente Martínez Ibor, se traslada a Tampa[27], así como también el fabricante de Santiago de Las Vegas Hidalgo Gato[28], con lo cual se va creando un núcleo de tabaqueros que constituirían la retaguardia necesaria de los aguerridos mambises, a los cuales proveían de avituallamiento en general.

 

En sus ansias patrióticas, estos exiliados se fueron agrupando en asociaciones o clubes, donde, como es de esperar, la mayor parte de estos asociados eran tabaqueros, los cuales, se sumaban a la lucha no sólo con el aporte  desinteresado de sus bolsas, sino, hasta conformando grupos que desembarcaban con el propósito de sumarse a las tropas liberadoras. De la revista de Cayo Hueso, editada en el peñón en aquellos tiempos por la emigración cubana, es conocida la siguiente relación de clubes, establecidos  tanto en el Cayo, como en Tampa y otras ciudades de los Estados Unidos:

 

o       Protectoras de la Patria (Presidido por Esperanza Chapotín)

o       Yaguaramas insurgente

o       Club Santiago de Las Vegas

o       Oscar Primelles (New York – integrado por profesionales)

o       Emilio Núñez (Ibor City – Tampa, presidido por María Isabel Carrillo)

o       Las Dos Banderas (New York)

o       Hijas de la Libertad

o       Club San Carlos (Cayo Hueso)

o       Cuba Libre (Cayo Hueso)

o       27 de Noviembre (Cayo Hueso)

o       Justo Carrillo (Tampa)

o       Club Independencia (New York)

o       Ignacio Agramonte (Tampa)

o       La Liga (New York)

o       Asociación Cubana de Socorro[29]

o       Liga Patriótica Cubana (Tampa – integrada totalmente por tabaqueros y fundada por Ramón Rivero en 1889)

o       Convención Cubana

o       Discípulas de Martí (entre sus asociadas se encontraban Ana Mercherón y Blanca Rivero)

 

Si bien nuestras gestas libertadoras hacen brillar su llama el 10 de octubre de 1868, podemos decir, sin que constituya un equívoco, que la Revolución encuentra el fermento libertario en New York, Tampa, Cayo Hueso, quizás  algo dislocadas en lo que a una fuerte unidad de lucha podríamos decir hoy, hasta que Martí, conforma la unidad necesaria bajo una sola bandera, el Partido Revolucionario Cubano.

 

Si bien las ideas redentoras de Martí conforman su vida desde la misma infancia y juventud, es posible que a partir de la Conferencia de Naciones Americanas[30], al sentir en sí mísmo el rubor de su patria sin voz en el celebradísimo concierto de los pueblos libres de América, (7) sintiera la necesidad de unir en una sola voz a aquellos humildes trabajadores, humildes por el producto de su trabajo, humildes por tener que residir en un exilio forzado que acrecentaba toda su humana humildad; algo que recibe su dosis de ayuda en New York, se pone en contacto con los tabaqueros de la babel de hierro, ávidos de libertad, agrupados en La Liga.

 

En La Liga de New York, Martí recibe el título de Maestro por parte de aquellos obreros y tabaqueros que noche a noche lo esperaban en el local de la asociación para recibir clases que iban, desde la complicada aritmética, hasta el francés, que Martí les enseñaba en sus clases para que pudieran de esta manera, poder apreciar las obras cumbres de la literatura producidas por la Revolución Francesa.

 

En 1891, el 25 de noviembre, llega Martí a Tampa invitado por los Clubes de esta ciudad para llevar a cabo un discurso patriótico, en específico, a solicitud e invitación de Eligio Carbonell, invitación que respondía a un acuerdo tomado por el Club Ignacio Agramonte de traer a Martí como orador invitado para la velada del 26 de noviembre. Por primera vez iba a ponerse en contacto con los tabaqueros de Tampa.

 

A su llegada visita la fábrica de tabacos Príncipe de Gales[31], acompañado de su lector, Ramón Rivero, al llegar a las galeras de tabaqueros, estos humildes hombres, cansados de la palabra vana, desconocedores de quien era en verdad José Martí, pero si imbuidos sobre la discusión que había tenido éste con Máximo Gómez y Antonio Maceo[32], lo saludan con un saludo seco, con el acostumbrado toque de chavetas. Aquella misma noche, aquella opinión de los tabaqueros sobre Martí, cambiaría totalmente al escuchar su palabra, el vehículo que demostraba su amor grande por Cuba, abriendo su corazón a aquellos que añoraban la libertad de la Patria.

 

En este discurso inolvidable para la historia el Maestro hace alusión al tabaquero, a su rutinario y fructífero trabajo en el bien de la lucha por la libertad de Cuba:

 

Por este pueblo con la mesa de pensar al lado de la de ganar el pan

 

Posiblemente haciendo énfasis a la posición del lector como transmisor, no ya sólo de cultura universal, sino también, de conocimientos, ideas.

 

Al cerrar  aquella velada, con las palabras: “con todos y para el bien de todos”, el  Liceo Cubano de Tampa, en ovación cerrada, no solamente demostraban la aceptación unánime de aquellas palabras, sino, que denotaba una luz nueva, aquella que tanto habían buscado y que al fin, en la figura de Martí les llega, no para encandilar ojos sedientos de amor y libertad, sino, para guiar en ese camino incierto de la lucha.

 

Al día siguiente es invitado a hablar en el acto de recordación por el fusilamiento de los estudiantes de medicina, y mientras espera que llega la hora señalada, se dedica a conocer las formas en que viven aquellos hombres con  sus familias, y a su vez, conoce la Liga Patriótica Cubana, que agrupa a tabaqueros de Tampa y que se asemeja a la Convención Cubana de Cayo Hueso. En La Liga Patriótica, Martí recibe la confianza de sus miembros para reunir en una acción común a los elementos revolucionarios, quedando el acuerdo de que Martí formulara las resoluciones[33].

 

Aquella noche, ya histórica, el Liceo Cubano se encuentra totalmente lleno, todos querían oír a Martí, al Maestro, quien con menos peso en su alma,, viendo realizarse su sueño de unidad de lucha por la libertad de la patria, apreciando la cercanía de la Isla, en su apreciación ante el recuerdo de la muerte de aquellos jóvenes estudiantes, pasa a la rememoración de la guerra  de los 10 años, donde los rencores y regionalismos  habían hecho tanto mal a lucha,   destacando la importancia de la unidad con el espíritu de las nuevas ideas:

 

Rompió de pronto el sol sobre un claro del bosque, y allí, al centello de la luz súbita vi por sobre la hierba amarillenta erguirse, en torno al tronco negro de los pinos caídos, los racimos generosos de los pinos nuevos. Eso somos nosotros: ¡Pinos Nuevos!

 

En este momento podríamos decir que Martí había ganado a los tabaqueros de Tampa a la causa, más también, es justo apreciar que Martí fue ganado por aquellas gentes sencillas y trabajadoras de Ibor City, aquel pedazo de tierra cubana que, de cierta forma, y a pesar de ser español de nacimiento, había formado Martínez Ibor al trasladar a Estados Unidos su fabrica de tabacos  y a su personal.

 

En 1891 aquellos hechos de Tampa vuelven a ser vividos por Martí, pero ahora en Cayo Hueso, el Peñón, aún más cerca de la Patria, donde tantos tabaqueros con sus familias habían encontrado refugio en esa ardua profesión de exiliados. En el Cayo, Martí, entra en conversaciones con la Convención Cubana, la que actuaba como una logia patriótica, conversaciones que limaron todo tipo de aspereza e hicieron desaparecer disensiones y resabios, encontrándose listo el eslabón necesario para lograr la unión de los principales grupos de la emigración, siendo este hermoso contacto, donde se encuentra la mayor masa de tabaqueros, sobre todo de  Santiago de Las Vegas, el lugar donde el Apóstol  redacta las bases del Partido Revolucionario.

 

Tampa  y el Cayo se suman de inmediato a la lucha iniciada por Martí  y para éllo los tabaqueros no vacilan hasta dar un día integro de su haber mensual para ayudar a la causa. De estos grupos se destaca el Club Santiago de Las Vegas, del cual el catequista por excelencia de la Patria se pronuncia con estas palabras:

 

Un club valiente y ya histórico promovió las fiestas – El Club de Santiago de Las Vegas(11)

 

 

En este Club, un prominente hombre de nuestra Villa Ciudad, milita desde su  llegada al Cayo; Don Tomas Roig, tabaquero de profesión, quien en el Peñón labora en la Fábrica de Tabacos de los Hermanos López y Trujillo, taller este considerado como zona sentimentalmente santiaguense. Don Tomas Roig, quien llega a ser un gran colaborador de Manuel Patricio Delgado, director del afamado periódico patriótico EL YARA, colaborador de Martí, el ídolo de todos los tabaqueros emigrados.

 

A partir de su experiencia en Tampa y Cayo Hueso con los tabaqueros, la vida de Martí se une ya para siempre a la de estos humildes hombres, no perdiendo momentos en el cual pueda agasajar, no con la palabra vacía, sino, con el verbo indicador de luz de la verdad que conllevaba a la realidad de las ideas por las cuales vivian aquellos hombres lejos de la Patria. Como ejemplo de éllo, tenemos en referencia el trabajo que aparece en Patria el 7 de mayo de 1892, titulado EN LOS TALLERES, donde Martí al referirse a los tabaqueros lo  hace diciendo:

 

Taller es la vida entera,,, taller es cada hombre, taller es la patria

 

Los tabaqueros, ya históricamente convertidos (desde la propia contienda de los 10 años y sobre todo en el movimiento emprendido por Gómez en 1884 y después por Martí), en los genuinos cooperadores de la lucha en el exilio, sin subestimar el concurso de aquellos cubanos dedicados a otras profesiones u oficios, han sido y son ejemplo de admiración, cosa ésta que no fue desapercibida para el Dr. González Lanuza, quien en misión especial del Sr. Estrada Palma, delegado del PRC, al participar en un “mass meeting” expresa abiertamente:

 

La Revolución nació en Cayo Hueso, fue aquí que tuvo su origen el movimiento libertador.  Cuando se escriba la historia de la Guerra de Independencia de Cuba, para que la humanidad haga justicia, ninguno de sus innúmeros héroes, aparecerá en más gloriosa luz que los tabaqueros…Difícil es igualar la lista de sacrificios. Esos tabaqueros son pobres. ¡Fuera sombreros ante los tabaqueros cubanos!

 

Tabaqueros, humildes o ricos dueños, como el caso del ilustre hijo de Santiago de Las Vegas y gran amigo de Martí, Eduardo Hidalgo Gato, son ataduras que nuestra Villa une a la lucha por la libertad de la Patria, ya que como dijera el Dr. Eusebio Hdez.,  (17)  enviado de Gómez al Cayo en busca de fondos al ver la rápida intervención de estos hombres:

 

Estos tabaqueros debieran haber sido inmortalizados ya en un monumento que haga imperecedero y que ofrezca a las nuevas generaciones el ejemplo de la historia altísima de sus sacrificios

 

La unión existente entre la Patria y el tabaco, unión libertaria que cobra más importancia al estar subordinada en el campo de la economía al azúcar, se remonta a la protesta de los vegueros en 1717, a la sublevación de 1723 y a la muerte en el patíbulo en 1869 por sus simpatías por el movimiento iniciado por Céspedes en 1868 de Francisco de León y Agustín Medina. Es imposible por tanto, separar al veguero y al tabaquero de tan noble causa, en la cual, al filo de la chaveta, supo mantener en alto los colores de nuestro pabellón patrio, en no menos hidalgos combates. Gómez desde La Reforma, en carta a Gualterio García en el Peñón manifiesta:

 

En Cayo Hueso tuvo su cuna gloriosa el Partido Revolucionario Cubano. La obra digna de los obreros de la Florida quedará en la historia patria y es motivo de orgullo… Las armas, el parque, todo se lo debemos en su mayor parte al trabajo honrado, al desinterés y abnegación de los pobres tabaqueros (7)

 

Martí, al referirse a los centros tabaqueros de Tampa y Cayo Hueso, los califica de la siguiente forma:

 

Academias, con su leer y su pensar contínuos, donde la mano que dobla en el día la hoja del tabaco, levantan en la noche el libro de enseñar.

VII.- Un monumento y una pregunta:

 

El 19 de enero del 1958, aquella idea de un monumento que inmortalizara a los tabaqueros, se materializa. A la entrada de la Villa Ciudad de Santiago de Las Vegas, asiento del cultivo de la aromática hoja, poblado tan involucrado en la protesta y sublevación de los Vegueros, cuna de tantos tabaqueros, de aquellos que fueron testigos de todo el acontecer histórico en el preámbulo de la guerra del 68 y el  95; se levantó la modesta pero necesaria e imperecedera recordación, como bien dijera el Dr. Eusebio Hdez. en el cayo en los años de la guerra del 95.

 

Quizás vista con la óptica de los tiempos, pudiéramos pensar que tanto el proyecto como su ejecución, no fueron más que el efecto de exaltación de un limitado crédito episódico, pero aún así, un homenaje, junto a la pública gratitud de en aquel entonces Asociación de Emigrados de la Revolución Cubana, a aquellos hombres que dieron el ejemplo en 1717 y 1723, a las generaciones de tabaqueros que en el 68 y el 95, marcaron un hito en nuestra historia, lejos de la manigua y del toque a degüello, más con una entrega absoluta y podríamos decir que martiana, al reclamo de la patria.

 

Siguiendo la descripción dada por el propio  artista que diseña el monumento, Sr. Domingo Ravenet, el monumento expresa a partir de la planta de tabaco, realizada en granito[34], el nacimiento de la idea de libertad de Cuba, representada por un cuerpo sólido de acero inoxidable en forma de pirámide y que representa al veguero; este cuerpo  se encuentra sosteniendo un bloque de mármol, donde a sus costados, a bajo relieve,  se encuentran representadas las imágenes de la intervención de los vegueros y tabaqueros. En la parte frontal de ste bloque se encuentra la inscripción:

 

A los vegueros iniciadores de las revoluciones cubanas y a los tabaqueros colaboradores en la forja de la nación

 

Sobre el bloque de mármol trabajado y tomándolo como fundamento, se levanta una estructura de acero inoxidable que representa al tabaquero, continuador de las luchas por la liberación de Cuba.

 

La totalidad del obelisco es al mismo tiempo, una estilización de la Cruz de Santiago de Las Vegas que aparece en el centro del escudo de la Villa[35].

 

Ahora, ¿Qué ha sido de tan hermoso y necesario homenaje? ¿Qué ha sucedido con la instalación histórica de la edificación centenaria donde un día se levantara la Fábrica de Tabacos García y Cuervo y años más tarde el despalillo, aquel lugar donde tantos hijos de Santiago de Las Vegas se formaron como trabajadores y luchadores por la libertad de Cuba que hubiera podido constituir un monumento más? ¿Qué conocen nuestras más jóvenes generaciones sobre todo las de Santiago de Las Vegas de esta historia?, conocimiento que seria de  hecho, el mejor homenaje, el mas grande de los monumentos.

VIII.- Bibliografía:

 

1

Deschaps Chapedux Pedro. José Martí maestro de obreros. Estudios sobre José Martí. Ediciones Políticas. Editorial Ciencias sociales. La Habana 1975

2

Documentos del Museo Municipal de Santiago de Las Vegas

3

Fina Francisco. Historia de Santiago de Las Vegas. Santiago de Las Vegas 1953

4

Friedianender H. Historia Económica de Cuba. La Habana 1978

5

Humbolt Alejandro de. Ensayo Político de la Isla de Cuba. La Habana 1960

6

Le Riverand J. Biografía de una Provincia. La Habana 1962

7

Mañach Jorge. Marti el Apóstol. Colección Austral. México 1952

8

Marti J. En los Talleres. Patria 7 de Mayo del 1892

9

Martí J. El Obrero Cubano. Patria 2 julio 1892

10

Martí J. Conflicto en el Cayo. Patria 5 de enero 1894

11

Marti J. Obras completas. La Habana 1966. TII pp.282

12

Montoto F. Historia de Santiago de Las Vegas. 1938

13

Pezuela Jacobo de la. Diccionario Estadístico Histórico de la Isla de Cuba. Madrid 1866

14

Roig de Leuchesenring. La Habana. C. Habana 1964

15

Ruiz Muñoz J. Tabaco, su Historia en Cuba. Habana 1964

16

Simón Valdés F. Semblanza Biográfica del Dr. Juan tomas Roig. Santiago de Las Vegas 1953

17

Zaldivar Juan f. Manos Fundadoras. Santiago de Las Vegas 1958

18

Uztáriz J. 1757. Teoría y Práctica del comercio y la Marina, 2da. Edición. Pp218

19

Ferguson. All about tobaco. 1893



[1] Dato generalizado por varios autores y que encontramos en cualquier diccionario enciclopédico, donde además se describe su nombre científico nicotiana tabacum.

[2] Datos obtenidos por  referencia a los archivos de indias en España

[3] Tainos, pobladores de las zona oriental de la isla en el momento del descubrimiento por Colón

[4] Ya fuera tabaco traído de América o simplemente cultivado en Europa.

[5] La obra se denominaba Convertablaste to tobaco y fue publicada en 1604 en Inglaterra

[6] Este tipo de situación es posible además de tener en cuenta los cultivos llevados a cabo en las colonias inglesas, se resolviera mediante el uso de los corsarios y piratas, y sobre todo, con el comercio ilegal o contrabando llevado a cabo por los bucaneros directamente con los cosecheros.

[7] Quizás como resultado de una guerra comercial entre España y sus enemigos.

[8] Donde el tabaco proveniente de Cuba y en especial el  habano que en estos tiempos provenía de las cosechas obtenidas en el Burgo de Las Vegas, hoy Santiago de Las Vegas

[9] Información que destaca literalmente y  mediante plano representativo Francisco Montoto en su historia de Santiago de Las Vegas.

[10] Tanto Francisco Montoto como Fina sin señalar fecha exacta, hacen referencia a este hecho que tuvo repercusión en el desarrollo del Burgo de Las Vegas.

[11] Exactamente el 18 de febrero del 1694 en la bendición de la primera piedra del templo parroquial, decisión esta llevada a cabo por Monseñor Avelino de Compostela, obispo de Cuba, La florida y Jamaica.

[12] Quien en 1717 será el primer dirigente de la Real Factoría

[13] Cartagena, Porto bello y Nueva Granada

[14] Existe diferencia entre el número dado entre los materiales consultados

[15] Esto es conocido por acta del cabildo del 3 de agosto de 1717

[16] Vegueros de las áreas de cultivo de las márgenes del Río Luyano, Chorrera y los arroyos Mabao y Valiente y por donde además cruzaba el camino que llevaba a La Habana, Santiago de Las Vegas y Bejucal.

[17] En atención a esto por mucho tiempo se denomino a esta sublevación, la Sublevación de los Isleños.

[18] Uno de ellos respondía al nombre de Francisco de Mojica, empleado de Martínez de Rivera, quien abastecía de carne a La Habana, según actas del cabildo del 21 al 26  de agosto de 1717

[19] Los hermanos Ambrosio e Ignacio José Zayas Bazan, Baltasar Sotolongo y el procurador general Fernández de Velasco

[20] De acuerdo a los documentos de Pezuela (TII pág. 303), por medio de los vegueros sublevados, los incitadores tratan de reclamar el tabaco ya embarcado a lo cual el Capitán al mando respondió con mandar a encender las mechas de los cañones

[21] Esto es solamente el sentido comercial ya que se logra el objetivo principal de mantener una holgura suficiente para realizar las actividades enriquecedoras en el mercado libre que por lo general, conducía al trato con contrabandistas, filibusteros y bucaneros.

[22] Soldado bien conocido por su denuedo y firmeza, parte a La Habana con ordenes muy precisas contra el ayuntamiento, el obispo,…, pero sobre todo en contra de los vegueros.

[23] Dos de ellos eran de Santiago de Las Vegas, según consta por su nombres y apellidos en los libros de la iglesia parroquial

[24] Los cadáveres estuvieron expuestos por más de 40 horas hasta que la piedad del Obispo, pudo dar fin a aquella obra macabra de Guazo Calderón

[25] El local se encontró hasta 1995 en la calle 4 ntre 7 y 9, siendo este local el mismo que años más tarde se convierte en el despalillo y que fue demolido por causas desconocidas por orden del gobierno municipal.

[26] En un principio, era un tabaquero el cual leía para todos y al cual entre la producción de todos, se sacaba lo correspondiente para que este cobrara su sueldo.

[27] Establecido en Tampa con la firma Príncipe de Gales, en 1891 ya se había inscrito en el mapa de los Estados Unidos el apellido de este señor con el surgimiento de la barriada cubana de Ibor City.

[28] Martí en su labor de unificación de toda la emigración cubana en el PRC, mantiene una larga correspondencia con este hombre, que en más de una ocasión puso su bolsa al servicio de la Revolución.

[29] Bajo este nombre piadoso, se escondía una asociación de recaudación de fondos paa el movimiento llevado a cabo por Gómez y Maceo en 1884, su primer presidente fue José Martí

[30] 1889-1890 Estados Unidos

[31] En el centro de la barriada cubana de Tampa de Ibor City

[32] Martí era reputado de desertor del movimiento iniciado por Gómez y Maceo en 1884, debido a la separación de Martí de dicho  movimiento, al renunciar este de la presidencia de la Asociación Cubana de Socorro, todo lo cual era consecuencia de las discrepancias que plantea Martí ante el caudillismo que en esos momentos representa Gómez, cuestión esta que en 1884 Martí le hace saber a Gómez dos días después de manifestarse dichas desavenencias en una famosa carta donde el Apóstol le dice: “un pueblo no se funda como se manda en un cuartel”.

[33] Primeros pasos en la fundación del Partido Revolucionario Cubano

[34] Figura que da forma al piso sobre el cual se levanta el monumento

[35] Mirando al monumento en planta

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